|
|
| INICIO
| Control de Plagas Urbanas |
 |
 |
| Desratización |
 |
| La historia sanitaria de la humanidad esta signada de obstáculos, desafíos, pandemias y calamidades que el hombre ha sabido resolver gracias a su enorme capacidad intelectual, que le permitió siempre contar con recursos científicos para sortearlos o por lo menos sobrellevarlos.
Sin embargo el hombre tiene un enemigo milenario que aún no ha podido doblegar, que quizás sea el socio y vehículo más ancestral de contaminación y epidemia, nos referimos por supuesto a “SU MAJESTAD: LA RATA” con su natural protagonismo en la cadena epidemiológica de enfermedades de la entidad de la fiebre hemorrágica, la triquinosis o el temible hantavirus.
La naturaleza las ha premiado, poniendo en su anatomía, su fisiología y sus dotes acrobáticas las herramientas necesarias y suficientes para constituirse en el mayor desafío para el profesional en control de plagas.
Son casi ciegas, apenas distinguen obstáculos groseros a un metro de distancia, sin embargo corren sobre un cable telefónico pasando de un edificio a otro, o al ser sorprendidas sortean a gran velocidad y con movimientos zigzagueantes todo cuanto se les interpone, no porque los vean sino por que han gravado en su cerebro la exacta secuencia de movimientos que deben hacer para eludirlos.
En ese periplo si necesitan saltar lo harán hasta un metro de altura, pueden dejarse caer de 12 a 15 metros sin lesionarse, pueden pasar por aberturas de 1,5 cm de diámetro, pueden nadar hasta 800 metros en aguas abiertas o mantenerse a flote para sobrevivir hasta 3 días pedaleando en el agua.
Pueden trepar por el interior de un caño de desagüe cloacal y salir por el inodoro de un departamento ubicado en el décimo piso de un edificio.
Si no encuentra la manera de entrar a un determinado lugar, pues lo perforan y fabrican así su propia puerta. Sus durícimos y afilados dientes les permiten roer bloques de concreto, ladrillos, chapas, madera y hasta tirantes de aluminio.
Como si todo esto fuese poco, cuentan con habilidades sensoriales sorprendentes: tienen una sensibilidad al gusto que les permite detectar la presencia de determinadas sustancias en concentraciones del orden de partes por millón, lo que significa individualizar unos pocos gramos de un determinado componente en una tonelada del producto. Esta habilidad sensorial les permite seleccionar muy eficazmente la calidad nutritiva de sus alimentos y eludir los que puedan serles nocivos, de allí la complejidad de contar con cebos tóxicos exitosos.
Su extraordinaria capacidad colonizadora sustentada por todas las habilidades descriptas, unida a la enorme posibilidad de vehiculizar y diseminar todo tipo de microorganismos por sus excretas, orinas, pelos, saliva y ectoparásitos que porta, la convierten en una de las amenazas sanitarias más serias que el hombre haya tenido que afrontar y hace que su presencia sea inadmisible, sobre todo e los lugares donde se procesan o comercializan alimentos, en los que debemos garantizar la inocuidad sanitaria de los mismos, cosa que no siempre es posible tal como lo ilustra la fotografía tomada en una panadería industrial en la que los roedores ya se habían instalado dentro de los panes acopiados para su comercialización.
Una pareja de roedores puede diseminar 1.000.000 de pelos y más de 40.000 deyecciones en un año, transformando a cada uno de esos puntos en un nuevo eslabón de la cadena de transmisión de parásitos y microorganismos patógenos.
Por todo lo expuesto, solo empresas como M&M, con mucha experiencia y trayectoria podrán solucionar un problema de esta magnitud, con programas y procedimientos diseñados específicamente para cada caso, en los que se combinarán métodos físicos (diferentes tipos de trampas, estaciones de monitoreo y control), y métodos químicos en base a cebos de múltiples formulaciones que serán elegidos estratégicamente según sea el caso particular.
|
| |
| |
| |
|
|
|
|
|